1500 platos, 100.000 disparos, dos disciplinas, fotografía y gastronomía, fundidas por el fotógrafo Francesc Guillamet en Comer arte, un libro editado por Somoslibros fruto de la colaboración durante 17 años entre el propio artista y Ferran Adrià.
El libro recoge las fotografías más creativas y llamativas producidas desde 1992 y que pretenden una alteración de los sentidos, tal como Adrià reliza con el gusto y el olfato.
Quizá me acerque a Casa del Libro a ver qué pinta tiene.
Comer arte: una visión fotográfica de la cocina de Ferran Adrià
Colección Grandes Obras
28 x 33 cm.
192 páginas
85 imágenes en color
Papel 170 gr.
Tapa dura con estampación y sobre cubierta a color con plastificado mate brillante
¿Es la cocina un arte? Comida para pensar, pensar sobre comer (Actar) editado por Richard Hamilton, uno de los padres del arte pop, y Vicent Todolí, director de la Tate Modern, sobre la figura de Ferran Adrià, padre de El Bulli, el mejor restaurante del mundo según la revista The Restaurant Magazine, puede ofrecer pistas al respecto.
Desde que en 2007 Adrià participase en la documenta 12 de Kassel, la pregunta se hizo más patente. A lo largo de 360 páginas, esta caja-álbum da muestra de la visión que Adrià tiene de la cocina y de la que el mundo del arte tiene de él, además de ofrecer por primera vez un listado de todos los platos que ha creado desde 1987. La enjundia está, sin embargo, en el debate y la reflexión en torno a la cocina de vanguardia y el arte, cuyas fronteras parecen desdibujarse.
Comida para pensar, pensar sobre comer puede encontrarse en las tiendas por 36 € en castellano, catalán, inglés y alemán y sí, el diseñador de la portada es Matt Groening, creador de Los Simpson.
No es que Órzola sea una de las localidades más atractivas de Lanzarote, pero son muchos los que visitan como punto de arranque para conocer la cercana isla de La Graciosa. Frente a su puerto hay un puñado de restaurantes donde comer bien, abundante y por poco dinero (las oscilaciones de precios entre uno y otro son estrechas).
Yo escogí Charco Viejo (La Quemadita, 5. Órzola), un restaurante sencillo de decoración marinera donde “erramos” al pedir gofio escaldado, papas arrugás con mojo y una parrillada de pescado y marisco con media botella de El Grifo seco. Erramos porque la parrillada ya llevaba papas y porque aún nos sale comida por las orejas… La parrillada, estupenda, con un montón de ricas lapas, mejillones, sepia, langostinos, cherne, un pulpo tiernísimo… un acierto.