Últimamente estoy muy perruna para cocinar, pero hay que seguir alimentándose bien, así que ayer opté por preparar en el microondas un calabacín relleno. ¿De qué? De un montón de cosas que encontré en el frigorífico. Bien es cierto que ya había descongelado un puñado de gambas peladas, así que este fue el punto de partida.
Para dos personas utilicé un calabacín, que bien lavado partí por la mitad y luego abrí longitudinamente. Lo salé y lo coloqué en una fuente apta para el microondas. En el fondo de la fuente, un chorro de agua y, sobre ella, una tapa para micro. Así, el calabacín casi se cocina al vapor durante 3 min. a máxima potencia. Pasado este tiempo, se saca la fuente y se mueve el calabacín para que se cocine por todos los lados y se vuelve a introducir en el micro otros 3 min.
Mientras tanto, en un cuenco, se mezclan las gambas con 3 ó 4 anchoas troceadas, una lata de atún en aceite (escurrido), un puñado de aceitunas verdes deshuesadas y cortadas en rodajas, unas briznitas de pimiento asado y un par de cucharadas de tomate triturado. Una vez cocidos los calabacines se extrae la pulpa. En mi caso, la pulpa fue a la basura, porque contenía demasiadas pepitas, pero bien se puede picar y mezclar con el resto de los ingredientes.
Tan solo queda escurrir la fuente, rellenar los calabacines, rematar la farsa con un pelín de pan rallado y cocinarlos en el horno durante un par de minutos.
Menuda cena nos pegamos la otra noche. Preparé unos chicharros al horno, unos de mis pescados favoritos, con una farsa muy sabrosa. A tan suculenta y contundente cena le acompañó una bodega de Viña Esmeralda (D.O. Penedés), un coupage de moscatel de Alejandría al 85 % y gewürztraminer al 15 % especialmente aromático y apenas ácido.
¿Vamos con la receta? Los chicharros los preparé desespinados y sin cabeza, así que así se los pedí al pescadero, pero comencemos con la farsa… Primero se fríe media cebolla y, cuando esté dorada, se sala ligeramente, se añaden 100 gr. de bacón limpio de ternillas y en tiras y se continúa dorando. Para entonces, ya habremos de tener limpios y laminados 200 gr. de champiñones, que se añaden a la sartén. ¡Ummm, qué bien huele! Es el momento de salar de nuevo y especiar. Yo le puse perejil y una pizca de tomillo. Ya está la primera parte.
En segundo lugar, los chicharros se lavan, salan y rocían con limón. Ahora viene el momento más difícil del proceso, el de rellenarlos con el champi y el bacón y atarlos bien atados para que la farsa no se salga y podamos trasladarlos sin problemas a la fuente de horno. Para esta preparación yo no me decantaría por cerrar el pescado con palillos, mejor el hilo de cocina. Si no te apañas con dos manos, bien puedes pedir prestadas un par más…
¿Conseguido? Pues a la fuente, con un chorro de vino blanco o -como es mi caso- de cava y, después, al horno unos 20 min. a 180º C. ¡Menudo festín!
Estos son mis mejillones rellenos, preparados con una bolsa de enormes ejemplares gallegos cocidos y envasados al vacío, de esos que puedes conservar en el frigorífico cerca de un mes. Por supuesto, esta receta también se puede realizar con moluscos frescos y luego abiertos al vapor.
Lo primero que hay que hacer es escurrir el agua de la cocción, pero ¡prohibido tirarla! Sirve para preparar un sabroso arroz o incluso una sopa de pescado. Disponer las medias conchas con las valvas en una fuerte resistente al horno. En un plato hondo se mezcla un tomate bien maduro picado, un puñado de queso rallado, un dado de albahaca (podéis encontrarla congelada en La Sirena, es un invento), sal y pimienta.
Rellenar los mejillones con la mezcla y, si el queso no fuese muy graso, añadir un chorrito de aceite de oliva. Y a gratinar. Estos mejillones resultan perfectos para acompañar un vino fresco como aperitivo o como epicentro de una cena repleta de proteínas.